Galiza, destino perfecto!
Fin de la tierra en el medio del mundo
La luz del atardecer ilumina cada tarde las cruces en los acantilados orientadas al mar en recuerdo de muertos y desaparecidos. En ese momento se ofrecen juntos los dos elementos, atardeceres y tragedias, que rebautizaron el latino Finisterrae para convertirlo en Costa da Morte.
En la actualidad sigue siendo uno de los puntos estratégicos más transitados de las rutas marítimas intercontinentales y uno de los más peligrosos para la navegación. El registro cartográfico de naufragios y salvamentos se llena de cruces que representan más de un centenar y medio de embarcaciones hundidas en el último siglo, pero se pierde la cuenta de los sustos cotidianos en la memoria colectiva de un pueblo marinero, por otra parte alegre y vital.
Por eso la Costa da Morte no es un cementerio. Son los ciento cincuenta kilómetros de vida marina y marinera mejor conservados de la fachada atlántica europea. Abarca, de norte a sur, desde las proximidades de la ciudad de A Coruña hasta cabo Fisterra. Contiene las rías de Camariñas, Corme-Laxe y Lires en las cuales se sitúan junto con la de Fisterra los principales puertos, pero no los únicos pues existen otros como el de Caión o el de Malpica que ofrecen refugio al mar abierto.
Atlántica majestad
Navegar hacia poniente es una de las grandes aventuras del litoral gallego. Existen las islas gallegas, estos son sus nombres: Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada. Palabras archipiélago de aguas lo bastante turquesa y arena suficientemente blanca para evocar playas caribeñas… “hasta que metes un dedo en el agua”. Esto afirma como mérito el diario “The Guardian” al considerar el arenal de Rodas en las Cíes como el mejor del mundo. Aguas frías con las mejores propiedades del océano para la vida submarina e historias singulares de pecios hundidos.
Desde el barco de la ría de Vigo se alcanza la línea del contorno de tres islas que juegan a ser dos. Son conocidas como las Cíes porque seguimos nombrándolas por el apodo romano de Siccas, las islas secas, aunque ninguna por separado se llame así. La del norte o de Monteagudo y la del medio o del Faro se unen por el finísimo arenal de Rodas y un lago que completa la estampa paradisíaca. La isla del sur o de SanMartiño permanece alejada de las otras por un canal llamado Puerta del mar.
Hechizos de montaña
Ancares es nombre original de río que ha prestado su sonoridad a las montañas mágicas entre Galicia y León. Ejercen su magnetismo desde lejos, prendidas de horizontes a dos mil metros escasos. Se entra en ellas con un especial estado de admiración y respeto, por caminos que buscan las cumbres pegadas a estrechos y profundos valles. En las poblaciones más altas descubriremos las “pallozas”, ancestrales construcciones de planta circular y techo de paja majada. Parece que sus formas curvas pero regias se inspiran en las cumbres de las montañas, suaves y agrestes.
Horizontes de granito
Donde la frontera abraza los mapas de Galicia y Portugal, las sierras recortan el horizonte celeste con los colores del granito. Alrededor de este núcleo rocoso, que brota en cumbres con erosión de siglos, ha echado raíces un bosque inmenso. Atlántico por la humedad, mediterráneo por temperatura, semialpino por altitud. Es una de las reservas transfronterizas mayores de la Unión Europea. Destaca, según su reciente reconocimiento como Reserva de la Biosfera por la UNESCO “por la variedad de sus ecosistemas de bosque y turbera, así como por el considerable número de especies endémicas bajo la influencia conjunta del clima oceánico y mediterráneo”.
Las matas da Albergaría, do Cabril, do Beredo y Ramiscal son espacios de acceso restringido dentro del Parque Nacional luso y figuran como uno de los mejores bosques peninsulares; al igual que el bosque de A Barxa, en la zona de reserva del Parque Natural gallego.
Cultura interior
La erosión fluvial del Sil ha labrado sin pausa la profunda grieta que lo conduce hasta desembocar en la izquierda delMiño. En sus paredes imposibles buscaron refugio monjes y eremitas que con la misma paciencia secular las poblaron de monasterios. Hasta una docena de cenobios, románicos y benedictinos la mayoría, que le dieron el nombre ya documentado desde la Edad Media de Rivoyra Sacrata.
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