Joaquin Phoenix, sexo, drogas y hip hop.
Llevaba algo más de un año actuando como un lunático. Parecía que algo se le había desconectado en el interior de su cabeza. Un cúmulo de incoherencias que sólo su pasado talento, dos nominaciones al Oscar incluidas, podía compensar. Su aspecto lo decía todo. Días sin dormir, semanas sin pasar por la ducha y meses sin pisar una peluquería. El resultado,‘I’m Still Here: The Lost Year of Joaquin Phoenix’ (‘Aún estoy aquí: el año perdido de Joaquin Phoenix’).
Se desmarcó en octubre de 2008 anunciando que dejaba el mundo del cine para centrarse en su carrera musical. Tras interpretar a Johny Cash en Walk the line, parecía que le había cogido el gusto a subirse al escenario. De nuevo tenía preparada una sorpresa. Saltaba de los platós al hip hop sin red. La entrevista con David Letterman recorrió medio mundo y fue el colofón final: Joaquin estaba oficialmente en el filo de la navaja.
Ahora, la llegada del documental ‘I’m Still Here: The Lost Year of Joaquin Phoenix’, parece que podría ser el eje que diera cierto sentido a las esperpénticas actuaciones del hermano del fallecido River. Un plan perfectamente urdido entre Joaquin y su íntimo amigo y cuñado, el también actor Casey Affleck, que ha hecho las veces de director, para rodar un documento único que promete poner patas arriba la cínica moral americana.
La polémica cinta es un billete de ida hacia el lado oscuro de una estrella. Phoenix se deja llevar y deja un buen puñado de grandes momentos para agrandar su leyenda maldita: esnifa cocaína, solicita los servicios de una prostituta y mantiene sexo oral con una publicista.
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